Ayer (sábado 21 de febrero de 2026) sentí que descubrí uno de esos lugares que no se “visitan” y ya, sino que se viven… y te dejan con una idea fija en la cabeza: “tengo que volver”. Mucha gente lo conoce como Rancho Los Rodríguez La Lucía, pero la verdad es que está ubicado en Sabana de Río Auro, en Los Tanques (sector La Sabana) Portuguesa, Venezuela. Y aunque el nombre pueda confundir a quien viene por primera vez, lo que no confunde a nadie es lo esencial: aquí te reciben con calor de familia, hogar, y eso se siente desde que te bajas del carro.

Degustando la sopa de Rancho los Rodríguez

Un rancho que nació antes de que llegara el turismo… y aun así lo estaba esperando

Lo más bonito de entrevistar a doña María es escuchar su historia sin poses, sin exageraciones: en 1982 compraron la propiedad y la tenían allí, como parte de su vida, sin imaginar que un día el turismo iba a tocar esa puerta.

Junto a Pooria
quien es un Apicultor de Grecia

Ella lo dijo claro: su motivación fue sencilla y poderosa a la vez. La cocina. Ella venía de trabajar con comida, de saber lo que significa alimentar a otro, y abrir el rancho era una forma de seguir haciendo lo que conocía… pero ahora con un propósito que creció con los años: convertir el espacio en una parada que le diera descanso, seguridad y comida buena a la gente que recorre la ruta.

¿Te interesa profundizar?

Si buscas análisis detallados sobre turismo global y tendencias de mercado, suscríbete a mi newsletter gratuito.

Suscribirme »

Y yo pensé: ¿cuántos proyectos turísticos nacen así, sin “plan maestro”, sin marketing, sin pretender ser tendencia… y terminan siendo precisamente lo que el turismo necesita? Un lugar real, humano, útil, con memoria.

“Aquí es calor de familia, hogar”: cuando un slogan no es publicidad, sino verdad

En algún momento de la conversación, salió esa frase que define todo: “calor de familia, hogar”. Y sí, se entiende por qué la dicen. Porque aquí no te tratan como un número ni como un “cliente que llegó y se va”; te tratan como alguien que están recibiendo en su casa.

Ese detalle, que a veces se subestima, en ruta se vuelve oro: llegar cansado, acalorado, con los pies pidiendo tregua… y que alguien te atienda con paciencia, con sonrisa, con orientación, con esa sensación de “tranquilo, aquí estás bien”.

Y entonces me hice otra pregunta inevitable: si el turismo es experiencia, ¿qué experiencia es más fuerte que sentirse cuidado?

La comida como ancla del viaje: sopa criolla, arepas de maíz y la tradición que llama

No hay que inventar nada: el rancho tiene un “imán” que atrae gente. La sopa. Ellas lo dijeron sin rodeos: la gente ama la sopa criolla, natural, “bien resuelta”, de esas que un domingo te reconcilian con la vida.

Na-Tolia, así se llama el área del fogón, en décadas atrás era un área para procesar
café, ahora es el comedor y área de relax, su nombre deriva de Nazario. 
(así se llamaba el fundador el esposo de la Señora María Domitolia, siendo
este último nombre para completar la frase.

 

También están las arepas de maíz, de esas que la gente busca porque no saben a fábrica, sino a casa. Y aunque en mi primera visita yo recordaba esos pollos famosos que, según me habían comentado, eran muy buscados en carretera (y que se pausaron en tiempos de cuarentena cuando la autopista cerró), hoy el enfoque se siente más claro: lo que más identifica al rancho es su cocina de tradición y su servicio.

Aquí la comida no es solo “para llenar el estómago”. Es el centro de una rutina turística muy humana: llegas, comes, descansas, te orientas… y sigues.

Un proyecto familiar donde todos empujan: la parte que no se ve, pero sostiene todo

Elisbeth me dejó algo que me parece clave para entender por qué este sitio se mantiene firme: la organización interna y la forma en que cada quien aporta.

En su caso, ella se encarga de cuentas, pagos, compras e inventario. Y me gustó cómo lo explicó: según lo que haya disponible en caja, van haciendo mejoras poco a poco para ofrecer un servicio más completo. No es improvisación; es crecimiento realista, en un país donde mantener un negocio es casi una hazaña diaria.

Y ahí está lo poderoso: no es solo un restaurante, es una familia sosteniendo un espacio que atiende a familias. Suena simple, pero eso requiere carácter, paciencia, y una visión de largo plazo.

Trabajar en familia no es fácil, ellas lo dijeron sin romanticismo. Pero también dijeron algo que me quedó sonando: este proceso les ha permitido unirse más, aprender a respetarse, incluso sanar cosas para avanzar. Y yo pensé: qué curioso que un proyecto turístico termine siendo también un proyecto de vida.

¿Quiénes llegan aquí? Familias, excursionistas… y ese turismo que está naciendo

Aunque reciben de todo un poco, ellas fueron muy honestas: el fuerte del rancho son grupos familiares. También llegan excursionistas con guías, muchas veces en grupo, haciendo ruta hacia los pozos/jacuzzis. Y algo que me parece importante: ya han recibido turismo de fuera, incluso turistas internacionales en temporadas como carnaval, llevados por guías que apuestan por mostrar Portuguesa como destino.

Senderistas La Lucia Estado Portuguesa Venezuela
Senderistas.
La Lucia Estado Portuguesa, Venezuela

 

También me llamó la atención la variedad de procedencias que mencionaron: visitantes de Portuguesa, pero también gente de Barquisimeto (Lara) muy constante, y visitas desde Valencia y Maracay. Eso no pasa por casualidad: pasa porque el lugar cumple una función clara dentro de la ruta.

Una parada obligatoria que entiende lo que el visitante necesita de verdad

Hay algo que Rancho Los Rodríguez entendió muy bien: el turista de ruta no solo necesita comida. Necesita:

  • Estacionamiento (y seguridad para carro o moto).

  • Baños y ducha.

  • Sombra y un espacio cómodo para reposar.

  • Orientación.

  • Formas de pago accesibles (para que nadie se quede varado).

  • Y sí: Wi-Fi, que hoy en día a veces parece “extra”, pero en realidad resuelve muchísimo.

Además, están aliados con un grupo de mototaxis de la comunidad para quienes no pueden caminar la ruta completa (porque la ruta es exigente). Y esto no solo mejora la experiencia del visitante: también activa economía local y crea sentido de pertenencia. También tienen cuatrimotos super divertidos para subir a la montaña.

Y como detalle que dice muchísimo de cómo piensan: mencionaron que incluso tienen cosas de primeros auxilios, con apoyo tipo Cruz Roja para emergencias pequeñas. No es “lujo”. Es responsabilidad.

El turismo como siembra: cuidar el sendero de los jacuzzis sin destruirlo

Esta parte me pareció de las más valiosas de toda la entrevista, porque muestra un turismo que no solo “usa” el lugar, sino que lo protege.

Ellos tienen una dinámica muy inteligente con los grupos que van a los jacuzzis/pozos:

  • Piden que dejen el pedido de comida con anticipación mientras van subiendo, porque puede pasar que al regresar ya no queden sopas (se venden mucho).

  • Identifican quién es el guía del grupo y les dan recomendaciones claras.

  • Les entregan una bolsa negra para la basura y les piden que no dejen desechos sólidos en el pozo: que se lo traigan, y ellos se encargan de desecharlo de forma correcta.

  • También piden algo muy importante: que no se lleven plantas, porque si mucha gente lo hace, se altera el ecosistema y ese daño se paga a futuro.

Aquí el rancho no está vendiendo un discurso ecológico para verse bonito: está aplicando acciones simples, repetibles y con impacto real. Y eso, para mí, es turismo bien hecho.

Los retos de mantener calidad en Venezuela (sin convertirlo en queja)

Ellas lo dijeron con mucha claridad: el reto operativo más fuerte es el costo y la variación de los insumos, sobre todo verduras y carne roja, que puede cambiar de precio de forma atípica. A veces eso los deja por debajo del costo real. Pero aun así, siguen apostando por mantener precios accesibles sin bajar la calidad.

También mencionaron el reto de los días con mucha afluencia: cuando llega mucha gente, atender bien exige manos. Y por eso han buscado incorporar apoyo extra en ciertos días, para no descuidar lo que consideran lo más importante: la atención.

Porque una sopa puede estar excelente… pero si te atienden mal, no vuelves. Y aquí la apuesta es al revés: que vuelvas por la sopa y por el trato.

El futuro que están construyendo: descanso, lectura y un “museo” con alma

Cuando les pregunté qué harían con más presupuesto, la respuesta fue preciosa porque no se fue por lo típico de “lujos”, sino por cosas que hacen el lugar más humano:

  • Ampliar áreas de descanso, con espacios donde la gente pueda quedarse después de comer sin apuro.

  • Crear un rincón con hamacas.

  • Armar una biblioteca pequeña para que, con el sonido de las aves alrededor, la gente pueda leer y descansar de verdad.

  • Mejorar señalización.

  • Tener más contenedores para desechos.

Y además, algo que me encantó: están creando una especie de mini museo orgánico, con objetos antiguos donados (teléfonos viejos, televisores antiguos), y recuperando materiales como barro, madera y cosas reutilizadas. No es decoración por moda: es coherencia con el mensaje ecológico que quieren que el visitante sienta.

Me pareció una idea brillante, porque conecta turismo con memoria. Y la memoria, al final, es lo que hace que un sitio no sea “uno más”.

Lo que yo me llevé… y por qué quiero volver (esta vez para quedarme)

Yo salí de Rancho Los Rodríguez con una certeza: este lugar no es solo una parada. Es un punto de encuentro. Un lugar donde el camino se siente menos duro, donde el descanso es parte del viaje y donde la comida tiene historia.

Y por eso lo digo sin dudar: quiero volver, pero no solo a comer y seguir. Quiero volver para quedarme en carpa, vivir la noche con ese ambiente natural, escuchar el silencio de verdad (y las aves al amanecer), y al día siguiente hacer el plan completo: subir al sendero de los jacuzzis con calma, sin prisa, y regresar sabiendo que abajo me espera un plato “bien resuelto” y un trato de hogar.

Porque una cosa es pasar por un lugar… y otra cosa es sentir que un lugar te está invitando a formar parte de su historia, aunque sea por un fin de semana.

Consejos prácticos si vas (para que tu visita sea redonda)

  • Si vas a subir al sendero de los jacuzzis/pozos, deja tu pedido de comida antes de subir. Al regresar puede que ya se haya vendido todo.

  • Llévate tu basura de vuelta. Si puedes, incluso lleva una bolsa extra. Ese gesto protege el sitio para que siga existiendo.

  • No arranques plantas ni te lleves “recuerdos” naturales. El recuerdo real es la experiencia.

  • Aprovecha la parada: descansa, hidrátate, usa el baño, pregúntales orientación. Este rancho está montado precisamente para eso.

  • Si no puedes hacer la ruta caminando, pregunta por los mototaxis aliados de la comunidad.